Amores que matan

No busques a tu media naranja que te complete. Busca una naranja entera que te complemente. O una pera, un plátano, una uva…

El concepto de amor romántico se te mete dentro. “Lárgate” le decimos, pero allí está para llenarte de mariposas la barriga y nublarte la vista. La animación de Google de hoy resume bien otro concepto de amor. Cada persona debe empezar por amarse a sí misma.

Animación de Google

Otra manera de hablar de amor es la de Nietzsche. Este texto es para reflexionar en profundidad y necesita varias leídas. La imagen que he puesto debajo es de algún bar donde querían hacer la gracia, pero ilustra una de las ideas que se desprenden del texto: La mujer quiere ser tomada y aceptada como propiedad, quiere fundirse en la idea de “propiedad”, de “ser poseída” con la que no estoy de acuerdo. Volvemos a la generalización de que la mujer es un objeto de alguien, y este alguien la posee, la penetra, la hace ir de un lado al otro, y si hace falta la pone de rodillas para estar más cómodo al lavarse las manos apoyándose en su culo.

TEXTO: CÓMO CADA SEXO TIENE SUS PREJUICIOS ACERCA DEL AMOR del Dr. Friedrich Nietzsche

De «LA GAYA CIENCIA», V, § 363.

A pesar de todas las concesiones que estoy dispuesto a hacer al prejuicio monogámico, no aceptaré nunca que se hable de una igualdad de derechos en el amor entre el hombre y la mujer, porque no existe. Esto implica que el hombre y la mujer entienden cada uno a su vez cosas diferentes por el término “amor” –y una de las condiciones del amor entre los dos sexos es que uno no presuponga en el otro el mismo sentimiento, la misma idea de “amor”–. Está bastante claro lo que la mujer entiende por amor: perfecta entrega (no sólo abandono) del cuerpo y del alma sin limitaciones ni reservas; la idea de una entrega condicionada y casual es para la mujer motivo de vergüenza y de terror. Dada esta carencia de condiciones, su amor’ es una creencia, la única que tiene la mujer. Cuando el hombre ama a una mujer, exige de ella precisamente ese amor, por lo que él está totalmente alejado de este principio previo del amor femenino. Suponiendo que existieran también hombres a quienes no les resultara extraño el deseo de abandono total, éstos no serían hombres. Un hombre que ama a una mujer se convierte en esclavo; pero una mujer que ama como mujer se convierte en una mujer más perfecta… La pasión de la mujer en su renuncia absoluta a los derechos propios presupone precisamente que no existe en el amante un pathos, una voluntad de renuncia idénticos, pues si ambos renunciasen igualmente a sí mismos por amor, resultaría… ¿qué sé yo?, tal vez un espacio vacío. La mujer quiere ser tomada y aceptada como propiedad, quiere fundirse en la idea de “propiedad”, de “ser poseída”; por consiguiente, desea que un hombre la agasaje, que no se deje estar ni se abandone, puesto que, por el contrario, debe enriquecer su “yo” mediante un aumento de fuerza, de felicidad y de creencia –esto constituye lo que la mujer le da cuando se entrega a él–. La mujer se abandona, el hombre se enriquece; creo que ningún contrato social ni la mejor voluntad de justicia permitirán nunca superar este antagonismo natural, por deseable que pueda ser no estar constantemente contemplando todo lo que ese antagonismo tiene de duro, de terrible, de enigmático y de inmoral. Pues el amor, entendido en su totalidad, su grandeza, su plenitud, es naturaleza y en cuanto tal algo eternamente “inmoral”. La fidelidad, según esto, está incluida en el amor de la mujer, brota de la noción misma de este amor; en el hombre puede fácilmente crecer después de su amor, por gratitud, por una idiosincrasia de su gusto o por una llamada afinidad electiva, pero no pertenece a la esencia de su amor –tan poco forma parte de ella que sería lícito hablar de una contradicción natural entre el amor y la fidelidad en el hombre–. Este amor varonil no es sino una voluntad de tener y no una renuncia ni un abandono, pues la voluntad de tener acaba por lo general cuando se tiene la posesión… Realmente, en el hombre, que raras veces y muy tarde reconoce ante sí mismo este atener”, lo que hace que subsista su amor es la sed más sutil y recelosa de poseer, de manera que es posible incluso que aumente todavía después del abandono de la mujer, ya que no acepta fácilmente que una mujer no tenga nada que “entregarle”.-

 


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